EL DESAFIO DE LA INTERNACIONALIZACIÓN DE LA EMPRESA

        

-La necesidad y urgencia de una mayor apertura exterior del sistema productivo gallego

Relataba recientemente un importante empresario gallego que, cada vez que va a cortarse el pelo al local de su barrio, se enfrenta a la sorna del barbero, empeñado siempre en que nuestro empresario le revele las claves de éxito para la internacionalización; acto seguido, el barbero le pregunta (siempre) qué parte de su negocio le aconseja internacionalizar.

Y es que, ciertamente, ni hay claves para un éxito seguro, ni todas las actividades económicas, ofrezcan productos o servicios, pueden plantearse- ni siquiera es aconsejable- iniciar procesos para posicionarse en los mercados internacionales o para invertir en el exterior.

Convertido en una especie de ‘mantra’, que se repite de forma constante, el mensaje ‘tenemos que abrirnos más al exterior’ parece haber calado profundamente en la sociedad y en el mundo empresarial, como si fuera una perentoriedad ineludible si pretendemos vivir (o sobrevivir) gracias a una actividad económica, sea cual sea.

Desechando, pues, la generalización de la necesidad de internacionalización, es cierto, sin embargo, que Galicia tiene un gran potencial exportador que no está aprovechando y que debe aspirar a incrementar su presencia en los mercados internacionales, en todos sus ámbitos: tanto en comercio exterior como en inversión en el extranjero. Pero también es preciso trabajar en la atracción de inversión foránea en comunidad gallega: esto es, optimizar la potencialidad de sus propios recursos, fomentar positivamente su propia marca, darse a conocer eficientemente en el exterior y esforzarse por atraer ‘talento’.

Hay mimbres. De hecho, nuestro punto de partida, aunque obviamente mejorable, no es malo (a excepción de lo que respecta a inversión extranjera en Galicia): los esfuerzos de las dos últimas décadas han tenido un reflejo directo en nuestro grado de apertura al exterior, si nos ceñimos al comportamiento de nuestras exportaciones. El PIB gallego representa poco más del 5 % español (un porcentaje similar al de la población), pero nuestras exportaciones rozaron en 2013 el 8 % y llegaron a superar el 9 % en ejercicios anteriores.

Y hay debilidades: una concentración sectorial y de países destino que puede ser excesiva, así como una atomización empresarial que, no obstante, -y sin que sirva de justificación o excusa- está bastante generalizada en los países europeos.

La finalidad de este documento está lejos de pretender hacer un análisis exhaustivo de datos estadísticos (otros pueden hacerlo mucho mejor que nosotros), sino simplemente aportar experiencias, reflexiones, propuestas y acaso alguna orientación a aquellos que estén analizando la posibilidad de dar el paso inicial en el camino de la internacionalización.

¿Qué se puede encontrar ahí fuera? ¿Son eficaces los recursos, medios y supuestas facilidades que las administraciones ponen a su disposición? ¿Qué recursos propios resultan indispensables para adentrarse en el mundo global? ¿Es vital para su negocio? ¿En qué medida pueden las nuevas tecnologías facilitar esa introducción en el mundo global?

Son muchas las preguntas e inquietudes a las que se enfrentan las empresas que se deciden a dar el paso: desde la viabilidad de la decisión, hasta los recursos a los que puede optar o los medios que precisa tener a su disposición para afrontar una ‘aventura’ para la que no todas están preparadas.

Vale la pena reparar en ellas, y lo que intentamos con este documento es contribuir, en la medida de nuestras posibilidades, a buscar soluciones o a presentar propuestas que ayuden a intentar evadir o evitar obstáculos y a optimizar los recursos, privados y públicos, existentes.

Acaso no seamos capaces de dar respuesta a todas esas preguntas. También es posible que nuestras reflexiones y opiniones susciten otros debates que están ya comenzando a surgir en las empresas y en las administraciones.

Pero estamos convencidos de que ese es justamente el papel que, como sociedad civil, debemos asumir, con el fin de colaborar a definir y desarrollar políticas industriales que redunden en el beneficio colectivo.