Artículo publicado en FARO DE VIGO el 8 de febrero de 2018
Los precios de los productos y de los servicios que consumimos contienen un componente esencial que es el coste de la mano de obra que es necesaria emplear para su fabricación y distribución, por tanto las empresas productoras y comercializadoras han de contratar personas para llevar a cabo estas fundamentales tareas, teniendo en cuenta que salvo que las funciones de fabricación y distribución sean sustituidas por máquinas, que en algunos procesos está muy avanzada su presencia, al menos hasta ahora ha sido preciso contar con empleados que con la utilización de medios productivos y de transporte nos hacen llegar a los consumidores lo que necesitamos.

Los bienes y servicios que son demandados están sujetos a las leyes de la oferta y la demanda y los clientes presionan para que los precios de los productos sean cada vez menores de ahí que las empresas en consecuencia tenga que ser más competitivas si finalmente quieren sobrevivir.
El ajuste de los costes salariales en las cadenas de producción y comercialización, no viene determinado de manera principal por una hipotética voluntad de la empresa de retribuir poco y mal a sus empleados, sino que estos costes deben estar engarzados en el precio de los productos que son los que en definitiva marcan la capacidad retributiva de la empresa, por ello existen empresas que por la calidad del producto, su avanzada tecnología o su escasez cuentan con la posibilidad de tener precios que pueden absorber un mayor valor añadido y por tanto las empresas que los producen son significadas por retribuir mejor a sus empleados.
La necesidad de la empresa de ser más productiva y competitiva que significa que es capaz de producir a menores costes, le conduce inevitablemente a ajustar los costes salariales o bien prescindir de ellos para sustituirlos por procesos más eficientes o bien utilizar máquinas. Esta situación que es un hecho y no una ideología, se está acelerando de una forma evidente y negar la realidad nos puede conducir inevitablemente a que como una burbuja nuestro actual sistema explote. Los puestos de trabajo sufrirán una importante mutación y por tanto es muy probable que vivamos la desaparición del empleo para tener ingresos con los que vivir. La renta básica está llamando a la puerta.
Marcelino Otero López
Economista
6 de febrero de 2018