JUGAR CON LA COMIDA

En nuestro acervo popular consta desde tiempos inmemorables la frase hecha de que con la comida no se juega, pero formando parte de nuestra forma de pensar, cuesta mucho creerse que en muchos de los ámbitos socio económico y político que afectan a nuestro día a día, no haya personas o incluso entidades que se burlan descaradamente de quienes están sometidos a las reglas que por estar impuestas coercitivamente no tienen otra posibilidad más que cumplir.

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Por el contrario, muchos de los responsables que tendrían que responder con conocimiento y ética y responsabilidad de la gestión de lo que se le ha confiado, parece que juegan con las cosas de comer con una flagrante arbitrariedad, ética deplorable y movidos por intereses que por no estar explicitados o ser oscuros literalmente, parece una absurda tomadura de pelo.

Existen muchos ejemplos para fundamentar estas opiniones, el más mediático, evidente y reciente es la dinámica financiera, económica y comercial que está imponiendo a nivel mundial el presidente de los Estados Unidos, Trump que a golpe de “tweet”, provoca tensiones financieras, debacles comerciales y una gran incertidumbre en el mundo que de un plumazo arruina personas, empresas y países, sin despeinarse, pero lo peor no es eso, sino que los ciudadanos vemos impasibles los impactos en los patrimonios, en las economías de las empresas y en la riqueza de los países sin mostrar ni siquiera perplejidad y como un rebaño, seguimos sin mirar al lado, directos a que nos trasquilen la lana.

La economía siempre ha estado sometida a tensiones, le va de suyo en su naturaleza, no obstante, los gestores responsables han de estar siempre alertas para producir la menor incertidumbre y procurar que la actividad sea armónica y previsible, dado que las desviaciones, sobre todo las súbitas, solamente benefician al oportunista que cuenta con la información necesaria sobre lo que va a suceder, para obviamente beneficiarse de forma abusiva.

Las empresas sufren las desviaciones pareciendo que a nadie le preocupe su viabilidad y sostenibilidad, a los trabajadores sufren los vaivenes, a los ahorradores a nadie parece importarles que la volatilidad ha entrado en sus vidas para hacer desaparecer lo ahorrado y así una larga e interminable lista de ejemplos que más nos valdría respetar el que con la comida no se juega.