EUROPA

Artículo publicado el 22.01.2020 en FARO DE VIGO

Cuando Europa renació de sus desastres bélicos inducidos fundamentalmente por orientaciones políticas autárquicas, nacionalistas y expansionistas a mitad del siglo pasado, se propuso darse un estatus supranacional en la que los diferentes estados que estuvieron directamente implicados en las guerras, decidieron renunciar a parte de su soberanía en aras a crear una organización por un lado de corte mercantilista, es decir un mercado común y por otro lado la creación de políticas comunes tanto desde el punto de vista social, tecnológico o medioambiental que se materializaron en las tres grandes libertades, la de movimiento de las personas, de mercancías y de los capitales. De esta forma y en base a las experiencias anteriores que supuso millones de muertos, entramos en la segunda mitad del siglo XX en un período de prosperidad nunca visto en una vieja Europa sangrada por continuas guerras de todo tipo, llegando incluso a crear una moneda única, el Euro que permite una integración económica y financiera que aporta la solvencia y fortaleza a la estructura económica de un área del mundo formada por más de 500 millones de habitantes.
La prosperidad es un hecho y los que han vivido tiempos anteriores han sido testigos directos de cómo eran los países y más concretamente España hace cuarenta años. No tiene nada que ver, disfrutamos de un largo período de paz, sin guerras y una evolución económica que con sus problemas queda fuera de toda duda que nos encontramos en una de las regiones del mundo más avanzada, económicamente potente y socialmente muy alejada de los grandes problemas que padecen la mayoría de los países del mundo que va desde la pobreza extrema a la falta generalizada de libertades políticas.
En este contexto las empresas cuentan con un alto grado de seguridad jurídica y con un mercado amplio y una moneda común con la que pueden desarrollar sus actividades de una forma ciertamente privilegiada e integrada. Solamente ver lo que está sucediendo ahora con guerras comerciales y fijación de barreras físicas y arancelarias, en Europa las empresas europeas mueven sus intereses en el mercado común con plena libertad y los europeos pueden formarse y desarrollar su vida laboral y profesional en un amplio espacio económico donde pueden alcanzar mejor sus objetivos vitales.
Dicho esto, Europa tiene muchos enemigos y tenemos que estar preocupados.
Marcelino Otero López,  Economista

20151017_105308